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Tienda museo y escaparate virtual

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Tienda museo y escaparate virtual

El abanico es complemento de moda, obra de arte y objeto de colección y, aunque la mayor parte de la producción se concentra en Aldaia, Godella y Alaquàs, una de las casas con más tradición y renombre en la ciudad de Valencia es Abanicos Carbonell, con fábrica y tienda de venta al público en la calle Castellón, junto a la estación del Norte.

Se trata de uno de esos comercios con sabor, que han sabido respetar la estética y diseño de las tiendas de antaño y sus dos escaparates son un pequeño museo que despierta los sentidos. Una vez dentro, los aparadores de madera y el suelo hidráulico se convierten en un escenario perfecto para acompañar a unas vitrinas con abanicos para todos los gustos y precios y donde el varillaje de nácar, de palosanto o de árboles frutales y las telas de seda pintadas a mano por Paula Carbonell -la última generación- de encaje o con decorados costumbristas se convierten en auténticas joyas.

Entre los pintores que han plasmado su saber hacer en estos abanicos hay firmas como Gabarda, Consuelo Manglano, Diago Esteve, H. de Val (Francisco Pont) y hoy en día, Ricardo Tendero, Rius o Enrique Hernández (Pina).

La historia de Abanicos Carbonell arranca en 1810, cuando Arturo Carbonell Rubio (bisabuelo del actual Guillermo Carbonell) se decidió a comprar una fábrica abaniquera que ya llevaba años en funcionamiento. Desde entonces, esta artesanía abaniquera ha corrido por las venas de Arturo Carbonell Requena, José Carbonell y ahora mismo, está representada por Guillermo Carbonell y su hija Paula Carbonell, primera mujer de la saga que coge el testimonio con una formación más que sobrada. “Desde pequeña he visto todo el proceso de creación de los abanicos y decidí estudiar la carrera de Diseño de Moda, para poder encaminar también la tradición abaniquera hacia el siglo XXI”. De hecho, una de las aportaciones de Paula está siendo el dibujo vanguardista sobre sedas pintadas a mano.

Diseño personalizado
La familia Carbonell ofrece la posibilidad de crear abanicos exclusivos para sus clientes y Paula, además, ha sabido abrirse mercado en el diseño de abanicos que abanderan logotipos o campañas publicitarias de empresas multinacionales.

Esta saga de abaniqueros ha sabido ‘conectar’ con los nuevos tiempos y, por ello, también venden sus productos por internet, el gran escaparate virtual que reduce los tiempos de espera y que pone en contacto a clientes y vendedores sin importar desde qué punto se realiza el ‘click’ necesario para comenzar la transacción comercial. “Nos están comprando abanicos desde EE. UU., Argentina, Brasil, México,Filipinas, toda Europa y también tenemos clientes en Japón que, sin lugar a dudas, son los más exigentes porque tienen unos determinados gustos en cuanto tamaño y grado de apertura del abanico que, en este caso, es menor”, confirman Guillermo y Paula Carbonell.